Nuestra palabra.

Poseía Frederick Trump un precioso restaurante...dicen que quién no ha conocido abuelos no ha conocido días buenos...nos gustaban los abuelitos,en cuanto de algún modo nos dejaban ver el mundo antiguo...el mundo de principios de siglo ,( del siglo XX ),era un mundo todavía de caballerizas,era un mundo todavía de preciosos percherones...y era un mundo magnífico de primerizos pozos petrolíferos...de tabaco todavía negro,de grupos primeros de jazz...y de gangs de nueva york...en aquél mundo,


el abuelo Frederick había montado un pequeño restaurante...y aquí enamoro a todos los hosteleros...en cuanto a la fascinación por la aventura...por cuanto significa la aventura empresarial...poseía el local siete mesitas preciosas a la calle,y situadas a modo de centro algunas velitas blancas y preciosas flores...Pero muy bien estamos en los deliciosos cincuenta..y aquí aparece el fabuloso Fred con los nietecitos...Donald,Donald,Donald...mi patito precioso..quería decirle sacándole un caramelito de la oreja...porque eran unos días en que los abuelitos todavía hacían magia..en que los abuelitos nos compraban globos de colores...y eran unos días en que los niños de entonces...ni siquiera soñábamos con internet.
 

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