Una carta a Puigdemont.


 Querido Carles: 

Cuando era niño,después de comer,en esa hora lúcida, en la cual los españoles duermen, después de comer la siesta,mi hermano y yo, solíamos ir en ocasiones a visitar el mundo de Max.El mundo de Max, era aquél mundo maravilloso,etereo,entonces no creible ,que fantaseaba con lo diminuto,que fantaseaba con lo pequeñín.El mundo de Max ,solía permanecer larguísima temporadas en Benidorm...en aquella sala magnífica, que aplaudía el final de los setenta...entonces, y por alguna razón que ignoro,nos pasábamos mucho tiempo viendo aquél mundo...una cacería pintada en un guisante,un cuadro de Velázquez en un grano de arroz,un partido de fútbol en un pequeño garbanzo...¡ Vamos al mundo de Max!,¡ Vamos al mundo de Max...!.Por alguna razón, quizá plausible,me sentía abducido por el partido de fútbol en aquél diminuto estadio...por alguna razón que ignoro ,sentía que había muchísimo detrás del fabuloso Max...del pequeño mundo de Max hablaremos a continuación...

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